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Teatro: Teatro del Abasto  -Humahuaca 3549-
Funciones: Sábados 23,30
Entrada: $90

Dramaturgia y Dirección: Alejandro Acobino Vestuario y Escenografia: Amelio Cardozo Gill, Rodrigo González Garillo Diseño de Luces: Marco Alvarez Actúan: Rodolfo Demarco, Fernando Gonet Prensa: Silvia Barona.

Se re-estrena una pieza esquizo – industrial imperdible, no solo por ser original y divertida, sino porque conviven en ella varios tópicos insospechables como ser el micromundo pyme, la ventriloquia, la discriminación y los traumas. Hernanito es ese personaje incontenible que quiere salir para que nunca más volvamos a ser los mismos.

Juan Jorge es el inconcebible jefe, ese que siempre tiene la palabra para todo, hace alarde de su desempeño como tal utilizando un lenguaje propio de los fondos de un taller de escuela industrial. Sus modismos, consejos y anécdotas -características del mundillo de un taller de mecanizado- logran sumergir cómodamente a los espectadores en su Pyme , pero al menor inconveniente o enfrentamiento, se muestra como el verdadero ser, débil e ineficiente, ya que su discurso decae de un seguro jefe de taller a un balbuceante y a veces tartamudo monigote humano. Un déspota maravillosamente interpretado por Rodolfo de Marco, que también da vida a Charulo, quien lo seduce con la idea de volver a su antigua vocación heredada de su padre… esa que Juan Jorge niega y a la cual hecha culpa de todas sus frustraciones.

Ahora dentro de su pyme que se dedica a la fabricación de tilaprlenos, se encuentra frente a frente con su único empleado: Salinas – un encantador Fernando Gonet- que lo desafía en silencio. Salinas no solo tiene que oficiar de metalmecanico, sino que también tiene que ser algo así como un psicólogo de emergencia para su extravagante jefe, tan solo con las herramientas rudimentarias que le ha dejado su vida, como la relación entre sus seis hermanos o los dichos del pastor de la iglesia evangélica. Salinas trata insistentemente -aunque breve- de sacar de adentro lo que tan profundo esconde Juan Jorge

La atmósfera fabril toma un tinte poético, que dentro de un atento diseño escenográfico y con una excelente ayuda de los efectos de sonido, hace que el publico comience a sospechar jornada a jornada, junto con los protagonistas, que no todo se soluciona con una buena cadena de ensamblaje. Juan Jorge y Salinas se complementan y repelen, estas idas y vueltas que mantienen en perfecto ritmo, son interrumpidas por perturbadores números de ventriloquia que funcionan como disparadores de las situaciones más extremas… los silencios de Salinas son brillantes, como si de un maestro zen de la metalurgia se tratara, soporta día a día la verborragia ciclotimica de Juan Jorge, solo comentando lo justo y necesario.

Un corte de luz en la fábrica mantiene toda la sala a oscuras, elemento sorpresa que pondrá a prueba la tolerancia de ambos personajes, desatando las más grandes carcajadas en la audiencia que se encuentra a oscuras junto a ellos.
Los artistas se mantienen vivos a través de sus obras y que mejor que Hernanito para homenajear y recordar a un gran director como lo fue Acobino.

 

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JULIA PANIGAZZI
jpanigazzi@catarsistextual.com.ar
crítica originalmente publicada en www.asalallena.com.ar

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